12/29/2011

La igualdad y la justicia en el Islam.

Bismil-laahir Rahmaanir Rahiim, Alhamdulil-lahi Rabbil Alamín, wa assalatu wa assalam ala Rasulilah (s.a.w.) En el nombre de Al-lah, Él Misericordioso, Él Compasivo, todas las alabanzas son para Alah El Señor de los Mundos, y que la paz y las bendiciones de Al-lah sean sobre Su Profeta Muhammad (s.a.w.)


El Islam es la religión de la verdad, la justicia y la igualdad. Igualdad en los derechos, en los deberes y en las responsabilidades; igualdad ante la justicia, no hay preferencia entre las personas sino por la devoción y la piedad.

“¡Oh, gentes! Os hemos creado de un varón y de una mujer y hemos hecho de vosotros pueblos y tribus, para que os conozcáis unos a otros. Para Allah, el más noble de vosotros es el más devoto”. (49: 13)

No hay privilegios para un estrato social, etnia, color o familia; todos son iguales (todos somos descendientes de Adán y Adán fue creado de barro).

El noble, ante la justicia y la verdad, es igual que los demás; no tiene preferencia alguna, así como los sabios, los adinerados y quienes ocupan puestos influyentes.

El derecho a la igualdad es una realidad en el Islam y representa el espíritu de la legislación islámica. He aquí ejemplos de esta igualdad ante la justicia:

• Durante la vida del Profeta Muhammad (s.a.w.) ocurrió que una mujer del clan de Majzúm robó y por ello fue condenada. Los Quraishíes (de la tribu de Quraish) se encontraban  preocupados por la sentencia cuestión y se preguntaban:
¿Quién podrá interceder por ella ante el Enviado de Allah (s.a.w.)?
Alguien dijo: “Nadie salvo Usama bin Zaid, pues es el más querido por el Mensajero de Allah (s.a.w.)
Usama intercedió por aquella mujer ante el Mensajero de Allah (s.a.w.), quien le respondió: “Acaso pretendes interceder para que no se aplique una sentencia prescrita por Allah?”.

Acto seguido se levantó y exhortó a la gente: “Ciertamente, lo que llevó a los pueblos que os precedieron a la perdición y la destrucción fue que dejaban libre al noble cuando robaba(...)" 
El clan de Majzúm era de la gente más noble de Quraish, y sin embargo su nobleza no les sirvió, ni tampoco les dio preferencia sobre los demás musulmanes, pues todos son iguales ante la justicia.

EL DERECHO A LA JUSTICIA
Las normas y las enseñanzas del Corán son invariables,  cuando se trata de aplicar la justicia en algún juicio y hacer distinción entre personas por motivos de religión, raza o influencia, hasta con los enemigos. Alá es el que dirige el universo basado en la justicia y Él es quien ordena la equidad y la justicia, todos los mensajes proféticos han venido para cumplir la orden divina:
“Di: Mi Señor me ordena establecer Justicia”. (7: 29)
“…y hemos hecho descender con ellos la escritura y la equidad, para que los hombres establezcan la justicia”. (57: 29)

La justicia es el derecho de toda persona y es deber y obligación de los responsables cumplirla. El Islam es la religión de la justicia, es su sendero, que no puede ser alterado por interés o deseo. La justicia comienza a  ser aplicada con uno mismo, con los hijos, los parientes y amigos, socios y vecinos, incluso con  extraños y enemigos. Pues es un mandato divino, y debe cumplirse.

“Allah prescribe la justicia y la beneficencia…”. (16: 90)

“¡Creyentes! Sed justos, cuando declaréis como testigos de Allah, aún en contra vuestra, o de vuestros padres o parientes más cercanos. Lo mismo si es rico que si es pobre, Allah está cerca de él. No sigáis vuestra pasión faltando a la justicia. Si dais falso testimonio o si os rehusáis a darlo, Allah está bien informado de cuanto hacéis”. (4: 135)

La justicia es una obligación, hasta con los enemigos:
¡Que el odio hacia un pueblo no os incite a obrar injustamente! Sed justos, esto es más propio de los devotos”. (5: 8)

EL ISLAM HONRA AL SER HUMANO
Allah ha honrado al ser humano de la forma más perfecta: “Hemos honrado a los hijos de Adán”. (17: 70)

Y le ha creado de la mejor forma: “Hemos creado al hombre dándole la mejor complexión”. (5: 8)

Allah ha favorecido  al ser humano sobre todas las criaturas de la tierra, y la ha proveído de todas las cosas. Allah ha honrado al ser humano dándole los sentidos y la mente para que razone y descubra el universo, y encuentre en ello, una guía que lo lleve hasta su Creador.

Allah, honrando al ser humano, prohibió totalmente cualquier agresión o tortura física, dijo el Profeta (s.a.w.): “La integridad del siervo es sagrada, excepto de un castigo legal  o un derecho justificado”

El Islam prohibió rotundamente perjudicar el honor de las personas, incluso en una mínima parte, y dio un ejemplo maravilloso de la conducta moral entre los seres humanos. Dice el Altísimo:
“¡Creyentes! Evitad conjeturar. Algunas conjeturas representan un pecado. No espiéis. No calumniéis. ¿Os gustaría comer la carne de un hermano muerto? Os causaría horror…”. (49: 12)

Allah prohibió también las palabras que puedan perjudicar  a alguna persona, incluso el gesto y la mirada:
“Perdición de todo aquel que difame, que calumnie”. (104: 1) el Corán condena a aquellos que hacen de los demás objeto de burla y crítica; y les dice:
“¡Creyentes! No os burléis unos de otros, podría ser que los burlados fuesen mejor que los que se burlan. ¡No os critiquéis, no os llaméis con sobrenombres ofensivos! Malo es ser llamado “perverso” después de haber recibido la fe. Los que no se arrepienten, esos son los impíos”. (49: 11)
Estas frases, son la suma de los principios éticos y morales que debería tener la humanidad, cosa que no ha conseguido imponer ningún régimen, ideología ni religión de forma tan clara y rotunda. Así mismo el Islam prohibió maldecir puesto que también perjudica injustamente”.
“A Allah no le agrada la maledicencia, a no ser que quien lo haga, haya sido tratado injustamente”. (4: 148)

La enseñanza de la buena conducta y del buen trato para con todas las personas, es el gran objetivo del Islam. Dice Alá el Altísimo:

No es igual obrar bien que obrar mal, responde con lo que sea mejor y he aquí que aquel de quien te separe la enemistad se convertirá en amigo ferviente. Esto solo lo consiguen los perseverantes, solo lo consigue el de suerte extraordinaria”. (41: 35)